El código CPV tiene ocho dígitos más uno de control. Los primeros dígitos marcan la división general (por ejemplo, servicios de reparación y mantenimiento, o instalaciones de edificios) y los siguientes concretan cada vez más la actividad. Los órganos de contratación están obligados a asignar el CPV que mejor describe el objeto del contrato, y esa es la vía principal para que una empresa filtre, entre miles de anuncios, los que le interesan.
Para qué sirve el CPV a una empresa que licita
Buscar por palabras en el texto del anuncio deja fuera muchas licitaciones (cada organismo redacta como quiere) y trae ruido. Buscar por CPV es más fiable: si tu actividad se corresponde con un conjunto de códigos, puedes vigilar exactamente esos y no perder oportunidades por un problema de redacción. El punto débil es que algunos organismos asignan códigos demasiado genéricos o directamente equivocados, así que conviene combinar CPV con palabras clave y con el seguimiento de organismos conocidos.
CPV y lotes
Un contrato dividido en lotes puede tener un CPV principal y CPV distintos por lote. Al revisar una licitación con varios lotes hay que mirar el código de cada uno para saber a cuáles puede presentarse realmente la empresa.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos dígitos tiene un código CPV?
Ocho dígitos que identifican la actividad más un noveno dígito de control. Cuantos más dígitos significativos, más concreta es la clasificación.
¿Puede una licitación tener varios códigos CPV?
Sí. Suele haber un CPV principal y puede haber CPV adicionales, sobre todo cuando el contrato se divide en lotes con objetos distintos.
¿Qué hago si el organismo ha puesto un CPV que no corresponde?
Es habitual. Por eso conviene no depender solo del CPV: combinarlo con búsquedas por palabras clave y con la vigilancia de los organismos con los que ya trabajas reduce el riesgo de perder una licitación mal clasificada.
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